¿Ser propietario o poseedor de una mascota puede ser un dato personal?

En una noticia publicada por “El Norte de Castilla” el pasado día 7 de enero de 2024, se informa de cómo se ha identificado a una persona como supuesta autora de un delito de maltrato animal por medio de la obtención del perfil genético de una perra de su propiedad: en la noticia se relata el caso de un propietario (o poseedor) de unos cachorros de perro que había procedido a abandonarlos en un contenedor, produciéndose el resultado de que todos ellos acabaron falleciendo por causa de este desamparo. Esta conducta es una conducta penada por el Código Penal al estar descrita, en concreto, en el delito del artículo 340 ter: abandono de un animal vertebrado en condiciones en las que pueda peligrar su vida (en este caso, no solo han peligrado sus vidas, sino que los cachorros han acabado falleciendo).

Dejo a continuación el enlace a la noticia: https://www.elnortedecastilla.es/valladolid/provincia/analisis-adn-permite-identificar-vallisoletano-abandono-ocho-20240107122518-nt.html

En principio se desconocía al autor del abandono de los cachorros, pero un equipo del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (SEPRONA), consultando el Registro de Animales de Compañía de la comunidad autónoma pudo acotar a las posibles progenitoras en un ámbito geográfico cercano al del emplazamiento del contenedor y, efectuando posteriormente pruebas de ADN a los cachorros y a perras susceptibles de haberlos tenido, fue capaz de identificar a la madre concreta y por tanto, y de forma correlativa, a la persona que estaba al cuidado, guarda o custodia de los cachorros.

En mi opinión, un aspecto muy interesante de esta historia la encontramos en la identificación realizada de la persona investigada en el procedimiento penal por medio de unos datos que, aunque no lo parezca, son datos personales: me estoy refiriendo a la información consistente en que una persona física es propietaria o poseedora de un animal (y se conoce al animal concreto).

De acuerdo con el punto 1 del artículo 4 del Reglamento general de protección de datos o RGPD, un dato personal se define como “toda información sobre una persona física identificada o identificable” y, a continuación, en dicho punto se añade que “se considerará persona física identificable toda persona cuya identidad pueda determinarse, directa o indirectamente, en particular mediante un identificador […] o uno o varios elementos propios de la identidad física, fisiológica, genética, psíquica, económica, cultural o social de dicha persona”.

En este caso se puede concluir que el hecho de tener una mascota constituye un dato personal, ya que ser dueño de una mascota concreta es una información sobre ese propietario o poseedor y, lo que es más importante, permite identificarlo, como ha sido este el caso, en el que se ha pasado de que al principio fuera una persona identificable a, finalmente, encontrarnos con una persona (plenamente) identificada.

Evidentemente, los perfiles genéticos de la perra y de los cachorros no son datos personales (ya que un dato personal es información sobre personas físicas únicamente), pero el hecho de ser propietario o poseedor de un animal doméstico, y que se pueda identificar a ese animal doméstico, sí constituye un dato personal de una persona identificada o identificable, al poder asociarse el animal doméstico a su propietario o poseedor (recordemos que todo perro ha de estar identificado mediante un microchip y haber sido inscrito en el Registro de Animales de Compañía de cada comunidad autónoma, ya que así lo determina el artículo 51 de la reciente Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales).

Así pues, el dato consistente en la identidad de la mascota, que no es un dato personal, es una información que se puede asociar a su propietario o poseedor y permitir que este sea identificado, por lo que habría que incluirlo en lo que en la definición del RGPD se denomina “elemento propio de la identidad social” de esa persona.

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